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La victoria de Trump tambalea el mundo

Hablar de unas elecciones que no se llevan a cabo en tu propio país conlleva no conocer todos los detalles de las mismas y, por ello, no poder ser todo lo objetivo que se exige de un periodista. Pero lo cierto es que en esta ocasión se ha hablado en nuestro país de las elecciones norteamericanas como si de unas generales propias se tratara, quizás por la importancia de la contienda electoral, posiblemente por la trascendencia que conlleva ser la primera potencia mundial o por la pugna que han mantenido durante el último año y medio la candidata demócrata Hillary Clinton y el multimillonario Donald Trump como candidato republicano.

El caso es que anoche todos nos acostábamos con las votaciones en los centros electorales de los Estados Unidos y hoy hemos amanecido con el recuento de votos Estado por Estado con el aliento contenido y con mucha atención sobre lo que estaba ocurriendo a kilómetros de distancia.

En contra de todas las encuestas, y la mayoría de analistas políticos, el republicano con 306 votos, lejos de los 232 de Clinton, se ha alzado con el triunfo que otorga ganar unas elecciones presidenciales como las americanas, nada hacía pensar que el magnate estadounidense podría ganar, nadie lo pronosticaba… Pero ha ocurrido y es real: tras el triunfo en Florida los demás Estados clave se inclinaron a favor de los republicanos.

De este modo, Trump se ha impuesto a la demócrata pese a que ha logrado reunir menos votos que los dos candidatos republicanos anteriores, que cayeron derrotados ante Barack Obama. El adinerado neoyorquino ha obtenido 59,3 millones de votos en 2016, mientras que John McCain consiguió 59,9 millones en 2008, y Mitt Romney, 60,9 millones en 2012.

A PARTIR DE AHORA, ¿QUÉ OCURRIRÁ?

Donald Trump se ha caracterizado desde su salto a los escenarios públicos por ser un “showman” muy criticado por su polémicas declaraciones xenófobas, misóginas, retrógadas… De hecho, entre sus muchas y debatidas propuestas se encuentra la de expulsar del país a 11.000 millones de indocumentados o construir un muro de 3.000 kilómetros de distancia en la frontera entre Estados Unidos y México que según él: “pagarán los mexicanos íntegramente”.

Esos mismos latinos que en elecciones anteriores se posicionaron de manera unánime por el presidente Barack Obama y esta vez se han dividido aún sabiendo que las medidas de Trump les afectarían si alcanzara el sillón de la Casa Blanca.

Sin lugar a dudas, son actitudes y posicionamientos difíciles de comprender salvo que haya un motivo que nosotros desde países mucho más pequeños como el nuestro desconocemos.

Lo curioso es que Donald Trump ha podido con los medios de comunicación que le atacaban y mostraban como derrotado en sus encuestas y sondeos, ha vencido a los grandes empresarios que le temían por sus políticas económicas anunciadas en campaña que romperían con la estabilidad que dejará el legado Obama y con una comunidad internacional que en su mayoría se decantaba por el continuismo de Clinton.

En resumen, ha podido con todo eso a pesar de su chulesca, faltona y hasta despreciable actitud en campaña frente a la educada, respetada, formada, elegante y experimentada ex primera dama y secretaria de estado Hillary Clinton.

¿Alguien entiende algo? Pues sí, es tan sencillo como que hay una gran mayoría de ciudadanos americanos que no querían a Clinton como presidenta a pesar de su experiencia y labor, que no entraré a valorar, por ser parte de un establishment político que no les representa y que no concuerda con su situación personal. Una vez más se pone en primera plana la desafección política y el malestar social marcado por las desigualdades, personas que, cansadas de su situación, patalean en contra del sistema para que cambie. Y si ese cambio se lo puede dar un loco extravagante y repeinado pues lo hacen. De ahí que en Europa también, cada vez más, vayan subiendo en encuestas y en votos los partidos populistas y cercanos a la derecha más rancia.

Tras el varapalo del BREXIT y el resultado sorprendente de las últimas elecciones norteamericanas queda patente que vivimos en un momento de cambio que marcará un antes y un después, semejante a la caída del muro de Berlín, en el que se van a fijar las bases del futuro del mundo para los próximos años y sin duda Estados Unidos y el que será su mandatario a partir de enero del 2017 marcarán la hoja de ruta a seguir.

Una estrategia y medidas que sólo los suyos, los republicanos, podrán frenar o impulsar ya que durante estos próximos dos años tienen mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, que a diferencia de España, este sí que tiene poder más que suficiente para aprobar o desestimar reformas.

A partir de ahora tenemos cuatro años intensos e inciertos por delante que seguro nos darán mucho que hablar y comentar, años donde veremos si el discurso de Trump se convierte en hechos y medidas o el viento se lleva sus palabras como antes se llevó las encuestas.

P.D. Señores y señoras estadistas y analistas políticos, veo que en Estados Unidos tampoco les va muy bien con eso de hilar fino con las encuestas electorales…

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