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“Nuevos tiempos de guerra”

Hacía tiempo que no me pasaba por aquí para escribir y dejar plasmada mi visión particular sobre temas que me preocupan e inquietan, pero esta tarde necesitaba hacerlo.

Finales del 2016, escribo y locuto un resumen de lo que ha sido el año para subirlo a la web y a mis redes sociales como he realizado en años anteriores. En este texto hago mención al terror y a la barbarie terrorista que se ha cebado durante el año en numerosos lugares del planeta.

Hoy, domingo 4 de junio, reflexiono y pienso sobre el atentado de este sábado ocurrido en la capital británica por la noche en el que una furgoneta arrolló a peatones que se encontraban en el Puente de Londres, situado en el centro de la ciudad. Después, se dirigió al cercano mercado gastronómico de Borough Market, donde sus tres ocupantes apuñalaron a varias personas antes de caer abatidos. Como consecuencia, siete personas han muerto, además de los tres atacantes, y 48 personas han resultado heridas, de las que 21 están en estado grave. A estas horas la policía ha detenido a 12 personas relacionadas con el ataque.

Siete personas inocentes a quienes se les ha arrebatado injustamente el derecho a la vida, siete ciudadanos que se suman a las 22 víctimas mortales, entre ellos niños y adolescentes, y más de 59 heridos del pasado lunes 25 de mayo  tras registrarse una explosión al término del concierto que había ofrecido Ariana Grande en el Manchester Arena.

Pero podría seguir sumando las víctimas inocentes del atentado terrorista de la capital sueca (7 de abril), las del metro de San Petersburgo (3 de abril), el puente de Westminster en Londres (22 de marzo), París (18 de marzo) y las inmediaciones del museo Louvre (también en París el 18 de marzo)… Todos ellos perpetrados mediante ataques suicidas, embestidas con automóviles, disparos en plena calle, bombas e incluso machetes.

Es evidente que ha cambiado el proceder de estos malnacidos terroristas cobardes que dicen matar por una causa justa y en nombre de un Dios. Nos enfrentamos a una nueva realidad, a un nuevo paradigma social que nos está afectando y moldeando nuestra vida cotidiana.

No importan los niveles de alerta anti terrorista que se encuentren fijados en los diferentes países, aunque son estrictamente necesarios y la mayoría de las veces efectivos, pero lo cierto es que no son suficientes para combatir este nuevo estilo de terrorismo porque es prácticamente imposible de detectar. Y es que es muy difícil saber cómo tienes que combatir un fenómeno, un movimiento que no conoces bien. Para poder crear la vacuna de un virus primero tienes que conocerlo y estudiarlo.

En este caso ocurre esto mismo, las autoridades mundiales se están enfrentando a un terrorismo que a veces responde a una organización terrorista llamada DAESH y otras no se sabe con exactitud. Prueba de ello, es que a estas horas 20.30 horas ningún grupo terrorista se ha atribuido la autoría de la barbarie londinense.

Durante las últimas semanas, meses e incluso años han aumentado considerablemente las medidas de seguridad de todos y cada uno de los eventos multitudinarios que han acontecido, pero ni con este perfecto blindaje se han conseguido evitar más muertes injustas.

No se trata de crear o generar una alarma social, sino de ser conscientes como sociedad de que a día de hoy es imposible poder evitar este tipo de tragedias y ataques repugnantes a nuestras vidas que nos asolan en pleno siglo XXI. Por mucho que nos armemos hasta los dientes siempre quedará esa sensación de susceptibilidad.

Como ejemplo reciente: ayer mismo. Durante la final de la Champions League una falsa alarma desató el pánico en el centro de Turín donde estaban reunidos los hinchas del Juventus, para ver la final de la Champions, y  se saldó con ocho heridos graves y 1.000 leves tras una estampida.

Se trata de una lectura aterradora pero necesaria. Es cierto que los últimos ataques prueban que el DAESH, por llamarlo de alguna manera, no tiene fuerza militar, ni peso político, ni siquiera tiene Estado. Solamente cuenta con desgraciados sujetos, a los que los canallas de sus dirigentes les lavan el cerebro y los hacen inmolarse en nombre de Alá… Así de simple y peligroso.

Mientras tanto, todos estos hechos alimentan los argumentos de mandatarios de la talla del presidente estadounidense, Donald Trump, consistentes en fijar en el punto de mira bélico y de odio a países orientales, y por ende, a sus ciudadanos. Un tremendo error, ya que la mayoría de estos no son ni mucho menos cercanos a estos actos y sin lugar a dudas forman parte de los grandes derrotados de esta situación.

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